en los que desaparezco como si nada más en el mundo existiese,
sólo tú y yo, sin fronteras ni límites, sin barreras ni topes.
Son hoy ya más de ciento sesenta horas sin tocar tus labios con los míos,
y sentir la esencia de tu ser,
sentir rozar el cielo con mis dedos.
Diez mil minutos ya desde tu partida y mi olvido ...
Pero todo eso no es una cuenta o simple matemática,
ni siquiera es mi reclamo hacia el cielo,
no amor tú lo sabes como sabes tu nombre.
Esta no es la cuenta de nada más que del principio del olvido,
la primera palada de tierra del agujero en el que me hundo,
y más que nada esto es y será la predicción del principio de nuestro final ...
José Padgett.